
Perfecto bodegón de verano creado por Lena con los Pendientes Lotus.
Descubrir el trabajo de Lena Ghaninejad fue como tropezar con algo íntimo y precioso. Sus composiciones —una mezcla sutil de sabores, texturas y una estética minimalista pero cargada de intención— tienen una fuerza tranquila que atrapa. En esta entrevista para Persona Series, hablo con ella sobre su universo visual y culinario, sobre sus raíces iraníes, la dimensión emocional e intelectual de la comida, y relación con la joyería.
Hola Lena, ¿cómo te gustaría presentarte?
Hola, soy Lena y soy cocinera y food designer. Vivo en París :)
Mi madre pinta, es una artista de corazón, pero nunca le gustó cocinar. Crecí siendo arrastrada a museos y galerías, pero la comida que había en nuestra mesa siempre me parecía muy aburrida. Así que siempre hubo un aura de misterio alrededor de la cocina: la veía como algo mágico, alquímico. Creo que esa idea de magia y asombro es lo que intento transmitir con la comida —eso, y también sacarla de un contexto doméstico.
¿De qué manera crees que la comida funciona como el arte, generando respuestas emocionales o intelectuales?
La comida es un medio privilegiado para transmitir emociones: es visceral, habla a todo el mundo de una manera muy tangible, directa y lúdica. Experimentamos la comida de manera visceral. Es algo corporal y también cognitivo. Por eso es muy real, sin pretensiones. Al mismo tiempo, no puedes hacer cualquier cosa con la comida, por su función biológica primaria. No puedes “hacer un Marcel Duchamp” con la cocina; hay leyes de la naturaleza que respetar cuando se trata del cuerpo humano. Esas limitaciones nos enseñan humildad.

¿Qué elementos de la cultura iraní tratas de preservar o reinterpretar en tu trabajo? ¿Cómo reconcilias tu estética minimalista con las cualidades intrincadas y simbólicas de las tradiciones iraníes?
Me atraen las sugerencias implícitas, así que mi herencia aparece de forma lateral tanto en mi trabajo como en mi vida: capas, complejidades que no necesariamente tienen una función, y sobre todo, diría, la creencia de que una sola cosa puede significar cien cosas a la vez. También: un amor innato por la poesía, una gran tolerancia al drama y una alergia al dogma.
¿Cómo incorporas la conciencia ecológica en una forma de arte que se puede comer?
Buena selección de ingredientes, lentitud y una forma de sobriedad. Creo que la abundancia es una ilusión, y que hay belleza y poesía en la sobriedad.
¿Qué conversaciones en torno a la comida te entusiasman más en este momento?
Las conversaciones sobre inclusión versus exclusión. La comida es democrática por naturaleza, todos compartimos la necesidad de comer —nos conecta. Es un recurso que debe compartirse, o pierde su sentido. Esta verdad tan simple contrasta con el sentido recurrente de exclusividad artificial, creada por el ser humano, que caracteriza a la industria alimentaria —ya sea que esa escasez esté motivada comercial o políticamente, o ambas.
¿Dónde encuentras inspiración? ¿Quiénes son las personas que más te inspiran?
No suelo mirar activamente lo que hacen otras personas en mi campo (he ‘silenciado’ a la mayoría de mis compañeros para poder escucharme a mí misma), pero encuentro la mayor parte de mi inspiración en las formas que encuentro en la naturaleza, y en cómo me hacen sentir. También encuentro una inspiración enorme en mis amigos —soy fan de todos ellos, amo y admiro la forma en que contribuyen a las cosas, tanto desde lo humano como desde lo creativo. En mi trabajo, en realidad solo quiero jugar con mis amigos.
¿Qué significa para ti el lujo?
Tiempo, libertad y simplicidad :)
Lena con los Pendientes Lotus.
¿Cuál es tu relación con la joyería? ¿Hay alguna pieza que haya sido importante para ti o que recuerdes especialmente?
Mi madre solía llevar un broche de oro en forma de guepardo —muy ochentero, muy exagerado. Siempre me pareció feroz cuando era niña. Evocaba una sensación de feminidad fuerte. Al final me lo regaló.
¿Cuál es la pieza más especial de tu joyero?
No está en mi joyero porque nunca me la quito, pero es un anillo que he llevado en el anular toda mi vida adulta. Es un anillo grueso de plata y oro, muy bruto y atemporal. Podría haberse hecho hace 3000 años o ayer. Mi padre lo compró en el bazar de Teherán. Tiene una inscripción en el interior, que nunca logramos descifrar.